martes, 18 de marzo de 2008

Gp Australia

Para aquellos que creían que en la fórmula 1 se había perdido el espectáculo, el domingo pasado tuvieron una muestra de que este año, más que nunca, se parecen a los coches de choque. Sí, tan solo terminaron 7 de los 22 coches que participaban, y aunque fue un paseo para Lewis "papá, la gente no me quiere" Hamilton, fue bastante entretenido. Dejó momentos para el recuerdo, como las salidas de Kimi "me voy de botellona" Raikkonen, que condujo al "límite" (como algunos dicen, y con ello justifican su actuación) o como un mono titi mientras se despioja. Otro momento que, durante un tiempo, no podré borrar de mi mente es en el que Alonso adelantó en la recta de meta a Heikki, es decir, el momento en que el finlandés pulsó el limitador de velocidad en plena recta. No me hagais mucho caso, pero para conducir en Mclaren te exigen saber apretar ese botón en momentos inadecuados, tan sólo para darle emoción al mundial.
Me parece bastante normal que Briatore ahora este en su casa con un ataque de risa, aún teniendo el coche de los picapiedra en su escuderia (que si que si, que yo vi a Alonso con los pies en el suelo corriendo a ver si el coche daba más de sí), porque ese cuarto puesto fue un ataque al orgullo de los Mclaren, y sobre todo, al orgullo de Ron Dennis, al que en breves veremos desaparecer de la f1, porque después del ridículo del año pasado, Mercedes lo quiere fuera de su equipo.

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